28 de febrero de 2020



Alfredo

He despertado de una larga pesadilla, lo sé, el sudor de un angustioso sueño lo hace evidente. El olor a cedrón invade la sala del apartamento, cada rincón, cada esquina. Estoy en el umbral de la cocina y la veo allí con gesto de preocupación mirando fijamente la televisión·

Esther

Doy un sorbo largo al té, apenas me he percatado de su presencia. Trato de asimilar las noticias, noto su expresión trasnochada, le pregunto si ha dormido bien y él solo sonríe. Dirige sus pasos hacia mí, me da un beso en señal de buenos días, lo abrazo fuertemente y pienso en las cuatro décadas en las que nuestro amor ha sobrevivido.

29 de febrero de 2020


Esther

Supermercados abarrotados, carritos de compras llenos, miradas de preocupación, gente al teléfono.

Antes del caos imprevisto, todos los estantes lucían llenos, ahora solo quedan vestigios de anaqueles vacíos.

Tomo la última lata de frijoles, pero alguien más la arranca de mis manos.

28 de febrero de 2020


Alfredo

Me embarga la desesperación, es como si un huracán hubiera arrasado con todo a su paso. Apenas logro divisar a Esther entre la multitud, está limpiando sus lágrimas, alguien le ha robado la sonrisa de su rostro, trato de ser valiente; tomo sus manos entre las mías, las acerco hacia mi pecho, noto que están temblorosas, y le doy la paz que necesita.

1 de marzo de 2020


Alfredo

Ha decorado la mesa de camelias y lirios, las únicas que sobrevivieron a la tormenta.

La gente siempre en el fárrago del momento cierra sus ojos a la belleza del mundo exterior, pero eso no nos importaba, Esther, porque fue a través de ti que aprendí a admirar la perfección en las cosas pequeñas.

Esther

En la alacena solo queda polvo y migajas, al menos los insectos sobrevivirán unos días más, antes de que nos abandonen.

Lo veo hojear una y otra vez la misma página del periódico, manteniendo la serenidad de siempre; de repente, de manera súbita deja el diario a un lado, se pone de pie, me toma por la cintura y bailamos juntos el vals que solo él y yo conocemos.

2 de marzo de 2020


Esther

Ha desempolvado su guitarra vieja, suena algo desafinada, pero ha sido solo cuestión de segundos para que la eche andar de nuevo.

Se dirige hasta el balcón y como si de un recital se tratara, empezó a dar rienda suelta a su talento, sonreía a pesar de la adversidad, sonreía en medio de las tinieblas.

Alfredo

Las calles estaban en un silencio perpetuo, unas cuantas patrullas se veían a lo lejos del bulevar. Algunas tardes eran opacadas por el ruido imprevisto de las ambulancias que deambulaban de un lugar a otro llevando consigo las esperanzas de un guerrero caído.

Mis manos aún temblaban de miedo, pero eso no importaba, tenía lo suficiente para ser feliz, la tenía a ella a mi lado.

Hoy Fanny ameniza la tarde con su sonido delicioso, y los ángeles han venido a acompañarnos con sus melodiosos coros celestiales.

3 de marzo de 2020


Alfredo

Los astronautas han aterrizado en medio de la noche, han llevado consigo sueños, planes, anhelos y vidas. Lo último jamás lo devolverán.

El corazón de Esther no lo ha soportado, lo envolvió de fragilidad y se echó nuevamente a la cama, esperando hallar sosiego consigo misma.

Esther

He rezado tanto que he perdido la noción del tiempo, después de tres días indolentes, el cuerpo siente las afecciones; pero trato de ser fuerte, para él, por nosotros.

4 de marzo de 2020


Esther

La ciudad luce desolada, en cada paso que doy mis esperanzas se acortan, él debe estar aguardando por mi llegada, solo le pido al cielo que los kilómetros se acorten.

Hace un frío inclemente, lo sé, porque mis huesos lo sienten. Debo darme prisa, el tren de las ocho está a punto de llegar.

Cada paso que doy es frustrante, siento que voy sin rumbo fijo, el día luce gris y mi estómago gruñe.

3 de marzo de 2020


Alfredo

He barrido todo el edificio, aun así, no la he hallado, tomo un descanso, ya no me siento como aquel joven que corría media maratón, ahora soy un anciano en medio de un vía crucis.

Recorro con la vista en cada esquina de la ciudad y en cada una de ellas estás tú, mi amada Esther, pero existe una laguna oscura que insiste en separarnos.

5 de marzo de 2020


Alfredo

Han tocado de manera insistente hasta nuestra puerta y con ello han olvidado una caja, por un instante pensé que ha sido una equivocación, la tomo entre mis manos y alcanzo a leer la nota.

Para: Esther

De: sus estimados vecinos

“Un detalle pequeño, para un corazón grande”

Esther

He recibido una muestra de caridad, eso mantiene mis esperanzas intactas, me han rodado unas cuantas lágrimas, esto me supera.

El aroma a vainilla inunda la habitación, ha preparado un pastel, no ha descuidado ni un detalle de la decoración. Al final del día me ha hecho recordar los sacrificios que realiza para mantener vivo nuestro amor.

6 de marzo de 2020


Esther

El correo asoma hasta nuestra puerta, afuera la situación se mantiene constante, a veces pierdo la noción del tiempo y basta que él esté aquí para recordar quien soy.

Abro delicadamente el sobre que contiene la carta de Carmen, desde el comienzo de esta crisis su figura es un fantasma en esta habitación, para cuando termino de leer mi corazón se hace añicos, las suturas que lo mantenían intacto, se desatan lentamente.

Alfredo

He visto como ha abandonado la sala con lágrimas en sus ojos, recojo el papel del suelo y empiezo a leerlo.

Querida Esther,

Para cuando recibas esta carta, los infortunios de la vida ya habrán hecho su jugada, es que todo sucede de una manera tan inesperada, sin previo aviso, ¡qué forma tan capciosa e infantil de comportarse para aquellos que ya han vivido lo suficiente!

El terror ha envuelto mi cuerpo en cuanto la prueba ha arrojado que soy positiva, aun así, he mantenido la serenidad que me caracteriza, pero tú mi amiga, la fragilidad de tus sentimientos, de tus emociones, no serían capaz de soportarlo y esa angustia embarga mi pecho.

Mañana en cuanto vengan por mí, rezaré por ti, por todos, mientras tanto, ¡sé valiente y resiste!

Con cariño, Carmen.

7 de marzo de 2020


Alfredo

La brisa nos golpea el rostro, las farolas de la ciudad van quedándose atrás, ningún coche puede interrumpir nuestra felicidad. Siento como sus manos se aferran fuertemente a mi cintura y continúo pedaleando. Esta mañana nos pertenece.

Esther

Abro los ojos y admiro la belleza del paisaje que se abre ante nosotros, animada con el sonido de las aves que surcan el cielo, complacidas, libres, risueñas.

Pero, así como todo debe tener un equilibrio, la tristeza y la pérdida siempre la acompañan. Bastó solo una fracción de segundos para contemplar a la muerte postrarse en la calzada.

8 de marzo de 2020


Esther

Siento como la tristeza recorre todo mi cuerpo, él está al otro lado de la puerta dando golpecitos para que ceda y pueda calmar mi dolor. Pero estoy aquí postrada en mi cama, catatónica, sin una mínima señal de voluntad.

Mañana vendrán los astronautas y él no los dejará aterrizar…

Alfredo

Siento como mi pecho late fuertemente, he hecho todo lo posible por construir esta burbuja para ti, Esther, si tan solo no hubiéramos ido a dar ese paseo en bicicleta, hoy tal vez no estuvieras ahogándote en el dolor, el aliento no se te escaparía y la muerte nauseabunda no rondaría nuestra habitación buscando tu alma.

9 de marzo de 2020


Alfredo

Por más que intento sostener tu mano, me la apartan, las lágrimas ruedan por mis mejillas, y para cuando ya es imposible dar el último adiós, solo me queda pedirle al astronauta:

—Cuídela, ella es lo último que me queda.

En el trayecto que me lleva de regreso a nuestro hogar, te siento aquí a mi lado, aferrándote a mi brazo como dos jóvenes enamorados, pero tu presencia se desvanece, tu aroma se pierde entre el asfalto mojado y en la soledad de mis pasos, la esperanza es lo único que me mantiene sosegado.

Miro el viejo álbum de fotos que está en el armario, cada página me trae consigo un recuerdo y cada segundo que pasa sin tener noticias tuyas, se convierte en un invierno eterno.

Contemplo las fotografías de nuestra boda, allí estabas tú, con ese semblante deslumbrante, como la primera vez que cruzamos la mirada y supimos que nos pertenecíamos el uno al otro, o cuando atravesamos París sin un dólar en el bolsillo, aun así, éramos felices porque nos teníamos y solo eso bastaba.

Los recuerdos se desvanecen ante el sonido del teléfono, me pongo de pie y dirijo mis pasos hacia la cocina, lo descuelgo, y cuando contesto todo a mi alrededor se vuelve lóbrego.

10 de marzo de 2020


Tomo una hoja de la vieja libreta que está sobre el velador, y en aquel simple papel plasmo los últimos recuerdos que vienen a mi mente después de tu partida.

Querida Esther,

Hoy una suave brisa ha recorrido nuestra habitación, lo sé, porque me he despertado más temprano de lo habitual, el pecho me ha dado pequeños brincos como un chiquillo a punto de recibir un confite, pero no has sido tú, así que he controlado las palpitaciones que ya éste viejo a su edad no debería permitírselo.

He puesto a calentar el agua en la estufa y por torpeza mía he colocado una taza de más sobre el mesón, ¡ay! a este pobre anciano la memoria le comienza a pasar factura.

Enciendo la televisión que se halla recostada sobre el comedor y las noticias suelen ser alentadoras, «se ha hallado una cura», dice la periodista con una sonrisa en su rostro, apago el artefacto mientras me embarga la melancolía.

Doy un sorbo largo al café, pero no logro notar su sabor, no lleva puesto la magia con la que solías endulzarlo; lo vacío sobre el fregadero, enjuago la taza, la coloco junto a la tuya, casi puedo percibir el olor a cedrón desde el balcón, pero se desvanece junto a tu recuerdo.

En las noches, en mis amargas noches, te siento a mi lado acariciando mis cabellos, tus suaves manos se han ido, me abandonaron, ahora soy un sobreviviente del naufragio más terrible de la historia.

Ojalá estuvieras aquí, para seguir amándonos bajo una eterna tarde de verano.

Siempre tuyo,

Alfredo.

Epílogo


Se van,

duele en el silencio,

no hay derecho ni poder terrenal que te permita dar el último adiós.

Así como la lluvia viene sin previo aviso,

ella se fue una tarde de marzo,

sin prescripciones.

FIN